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Carmen Crespo, voluntaria de Lecxit: “La lectura es como la salud. Cuanto antes cuides de ella, mejor”

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Marc Solanes - periodista

Más de 300 espacios en 150 municipios: el programa Lecxit, una de las piedras angulares de la Fundació Bofill, cuenta con una red de casi 300 Espacios Lecxit (centros educativos, bibliotecas y entidades sociales) en 150 municipios. En total, más de 2.000 personas voluntarias acompañan semanalmente a un niño o niña para hacer de la lectura una experiencia diferente, que genera pasión y convierte el libro en una herramienta de cohesión social. El programa nació hace más de una década, y acumula ya 40.000 horas de voluntariado anuales solo en Cataluña. Lecxit también ofrece orientaciones y materiales a las familias para implicarlas en la mejora de los hábitos lectores, y se coordina con los centros educativos para ofrecer los títulos más adecuados para cada alumno.

Entrevistamos a Carmen Crespo Martín, una de las voluntarias del programa Lecxit, que explica la necesidad de que los niños y niñas descubran el poder de la literatura y desarrollen, con el acompañamiento necesario, el amor por los libros.

A pesar de sus dificultades para caminar -sufre de artritis reumatoide desde hace 30 años- no falla nunca a su cita en la escuela Calvet d’Estrella de Sabadell, donde Claudia la espera con los brazos abiertos cada vez que la ve.

Todavía no se ha abierto la puerta del aula y ya se oyen risotadas estridentes de alegría al otro lado. Con una sonrisa de oreja a oreja, Carmen llega a la escuela como si entrara a un gran evento festivo. Tiene 70 años y cada vez tiene más dificultades para caminar, pero si no fuera por la silla de ruedas que conduce con una energía desbordante, sería la última cosa con la que nos fijaríamos al conocerla por primera vez. Ya hace dos años que es voluntaria del programa Lecxit, que contribuye a mejorar la comprensión lectora de los alumnos de primaria en toda Cataluña. “Hoy he llegado en taxi, ¡que cuando salga de aquí tengo que ir al teatro!”, dice nada más llegar.

Con un catalán perfecto, Carmen cuenta que llegó a Cataluña en los años 80. Nació en Soria, pero ha recorrido media España antes de establecerse definitivamente en Sabadell. Ahora tiene cuatro hijos y cinco nietos, de los que disfruta tanto como puede y con quien va a cenar “al menos una vez a la semana”. “Yo les digo, llevadme donde queráis, que pago yo. Y, para mí, ellos me pagan con el tiempo que pasan a mi lado”. Ha sido maestra durante toda su vida, y apuntándose a Lecxit decidió continuar su labor educativa. “El mundo gira igual con mi presencia o sin ella. Por lo tanto, ¿qué otra cosa podría hacer que no fuera intentar seguir enseñando hasta que se me acaben las fuerzas?”.

Carmen es un ejemplo de resiliencia en la vida y pasión por los niños y niñas. Cuando le preguntamos por qué decide invertir tanto tiempo para ser voluntaria, tanto en Lecxit como en su vida personal, hace una pausa y respira. “Tengo problemas físicos, pero esto no me impide ayudar a los que me rodean”.

Ha sido una lectora voraz los últimos años, pero no fue hasta la madurez cuando descubrió el inmenso poder que pueden tener los libros. “Cuando era pequeña, lo que nos hacían leer en la escuela era trágico y deprimente. Solo nos explicaban historias de miedo, penurias de la guerra… ¿Cómo se tiene que apasionar un niño o una niña por la lectura, de esta forma?”. El día que le detectaron artritis reumatoide, con 40 años, el mundo se le cayó encima. Explica, sin perder la sonrisa, que entró en una depresión profunda de la cual creía que no podría salir. “La vida me paró a nivel físico. Yo, que soy una persona que siempre tiene ganas de hacer cosas, me vi en un abismo. Mi presente y futuro cambiaron por siempre jamás. Pero los libros me salvaron”.

A partir de entonces descubrió que, si leía, sentía el dolor de forma menos intensa. “El hecho de centrar mi atención en alguna cosa que me hacía viajar lejos de aquí me calmaba. Descubrí que leer me hacía más feliz, mucho más de lo que jamás hubiera podido pensar”. Antes de la artritis, explica, viajaba de forma incansable por todas partes. Gracias a los libros, por suerte, consiguió no dejar de hacerlo nunca. “Cuando lees te transportas. Pero no de forma figurada, ¡sino de verdad! Aprendes cosas de otros países, te sumerges en otras culturas y descubres otras formas de ver el mundo que nos rodea”. Ahora, además, también viaja a través de las fotografías que le envían sus hijos y nietos cuando cogen un avión. “Miro la fotografía en el teléfono y me transporto hasta donde están ellos. Es maravilloso”.

El hecho de centrar mi atención en alguna cosa que me hiciera viajar lejos de aquí me calmaba el dolor. Descubrí que leer me hacía mucho más feliz, mucho más de lo que jamás hubiera podido pensar.

Lecxit es uno de los programas más veteranos de la Fundació Bofill. Con más de 10 años de trayectoria, tiene por objetivo impulsar el éxito educativo a través de la mejora de la comprensión lectora. La metodología se basa en encuentros de lectura semanales de una hora entre un niño o niña y una persona voluntaria. En este caso, entre Carmen y Claudia, que cursa cuarto de primaria en la escuela Calvet d’Estrella. Este mes de junio ha finalizado el programa de este año, que empezó el pasado mes de enero y ha tenido una gran acogida en todo el territorio.

Después de probar en diferentes voluntariados, Carmen encontró en Lecxit lo que de verdad le gustaba. “Los niños y niñas son seres en formación, están en la etapa más importante de sus vidas. Si puedo incorporar un pequeño granito de arena en su proceso de crecimiento a través de la lectura, ya soy feliz”. Como ex-maestra, atribuye el bajo nivel de comprensión lectora de los más pequeños a la carencia de profesionales contratados y a las altísimas ratios de alumnos por clase. “Se supone que un maestro tiene asignados un máximo de 23 alumnos, pero a la hora de la verdad esto no es así. Con tantos niños y niñas por aula, tienes que hacer virguerías para poder dar clase con garantías. Y si, además, tienes que hacer sesiones individuales de lectura, ¡ya no estamos hablando de maestros… sino de superhéroes y superheroínas!”.

Lleva una botella de agua pegada a la mano y da un sorbo cada pocos minutos. Dice que es porque se le seca la garganta cuando habla. Y, casi siempre, acaba hablando mucho. “Ahora hablamos poco, mucho menos que antes. Estamos abocados a una sociedad cada vez más individualista”. Explica que los momentos en los que se compartía en familia, que acostumbraban a ser durante las comidas, están siendo colonizados por el teléfono móvil. “Las comidas y cenas han pasado de ser espacios de conversación a momentos de reclusión y aislamiento. En un mundo cada vez menos abierto, leer se convierte en una herramienta imprescindible para revertir esta tendencia”.

Explica que en el programa de este año ha notado mucha mejora en los niños y niñas. “Además, los alumnos aparte de leer han reforzado sus habilidades a la hora de escribir, y esto también es muy importante”. Dice que de esta forma se trabaja también la memoria visual, que repercute en una mejora de la gramática y la ortografía. Y también en las ganas de aprender. Así se refleja en la forma en que Claudia, la niña a quien acompaña, entra en el aula cuando la ve. Entra corriendo, se dan un abrazo y le enseña lo que ha hecho en clase durante el día.

La lectura es como la salud. Cuanto antes cuides de ella, mejor.

Cuando le preguntamos qué significa el programa para ella, responde que “representa un esfuerzo cooperativo de muchísimas personas hacia los niños y niñas”. Todo lo que se pueda invertir en los niños y niñas, subraya, “es un regalo”. “Cuando yo era pequeña, por desgracia, nadie llevaba los hijos a los médicos, por eso mi generación sufre de tantas dolencias. Pero ahora, si mis nietos necesitan ir, les llevo enseguida. La lectura -dice mientras nos escudriña con la mirada- es como la salud. Cuanto antes cuides de ella, mejor”.

Carmen hace lo posible y lo imposible para ir cada semana a la escuela. Se obliga a hacerlo, explica entre risas, para mantenerse activa. Según la prisa que tenga, viene en autobús -tarda 10 minutos en silla de ruedas desde la parada hasta la escuela- o en taxi. Es un ejemplo de resiliencia en la vida y pasión por los niños y niñas. Cuando le preguntamos por qué decide invertir tanto tiempo como voluntaria, tanto en Lecxit como en su vida personal, hace una pausa y respira. “Tengo problemas físicos, pero esto no me impide ayudar a los que me rodean”.

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