✏ Bernat Ferrer
La Confederación FIAPAS promueve talleres de lectura pensados específicamente para niños sordos con el fin de favorecer su inclusión educativa y social
«El acceso a la lectoescritura es la cuestión más crítica en la educación de los niños y niñas con sordera. Ante la falta de audición, trabajar la conciencia fonológica es fundamental, y esta se adquiere a través de la escucha del lenguaje hablado en el entorno inmediato. Por lo tanto, reforzar todos los aspectos del desarrollo del lenguaje y la adquisición de vocabulario a lo largo de la infancia es esencial para ellos», explica Carmen Jáudenes, directora de FIAPAS – Confederación Española de Familias de Personas Sordas. Teniendo clara esta situación, desde la entidad se activó en 2013 un programa para el Fomento de la Lectura en niños, niñas y adolescentes con sordera. Este programa se enmarca en la convocatoria de ayudas del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura (Plan de Fomento de la Lectura), y cuenta con la cofinanciación de la Fundación ONCE.
Con los Talleres de Lectura, la entidad quiere fomentar en los niños, niñas y adolescentes con sordera el hábito de la lectura reflexiva, que les ayude a pensar por sí mismos y les permita participar del conocimiento y de la cultura en igualdad de condiciones, favoreciendo su inclusión educativa y social.
«Actualmente, como los niños y niñas son diagnosticados muy precozmente (en la mayoría de los casos antes de los seis meses de vida), pueden desarrollar la lengua oral de una forma natural. Con el diagnóstico precoz, prótesis auditivas e intervención logopédica temprana, y el apoyo familiar, llegan a la escolaridad habiendo adquirido el nivel de lenguaje suficiente, situándose su desarrollo en las edades evolutivas que les corresponden. Hace 20 años, ¡esto era impensable!», expone Jáudenes.
Aunque todos estos avances predisponen a que la adquisición de la lectoescritura culmine con éxito, existen limitaciones en su día a día que hacen que determinadas palabras puedan ser menos audibles y/o inteligibles, debido al ruido ambiental, la distancia respecto de la fuente emisora… «Esa pérdida de información dificulta el acceso a la lectura compresiva y la narración de textos. Los Talleres de Lectura se orientan también a trabajar estos aspectos de manera específica», detalla.
Los Talleres de Lectura que promueve la Confederación FIAPAS —que se desarrollan territorialmente en sus entidades miembro— están pensados para grupos formados por 10 niños y niñas con discapacidad auditiva, de edades comprendidas entre los 5 y los 18 años, que se agrupan por edad y pueden incluir también a hermanos/as y amigos/as. Los monitores que guían estos Talleres, con formación pedagógica o docente, además de fomentar la lectura y el acercamiento a autores y obras de la literatura española, alientan valores de convivencia, igualdad, solidaridad intergeneracional y prevención del rechazo y acoso. Buena parte del trabajo desarrollado se plasma en un Libro Viajero que redactan los participantes, recreando alguna de las obras leídas o la biografía de sus autores. Se puede acceder a ellos en la Biblioteca Virtual FIAPAS.
Asimismo, también se desarrollan Escuelas de Mediadores dirigidas a padres y madres, «agentes imprescindibles para la motivación por la lectura a lo largo de la infancia y la adolescencia».
Anualmente, participan en el programa una media de 60 niños, niñas y adolescentes con sordera. Bajo el objetivo general de contribuir a la supresión de las barreras de comunicación y a la plena inclusión y autonomía de las personas sordas, la entidad les facilita el desarrollo de la competencia necesaria para acceder al conocimiento y la cultura a través de la lectura.
«Nacer leyendo» busca romper unas barreras intangibles, aquellas sociohistóricas que alejan a la población del servicio. «Buscamos democratizar verdaderamente el uso de la biblioteca, el préstamo público, convertir la biblioteca en un hogar y “devolver” a la población un espacio que consideraban exclusivo de una minoría culta, erudita».
En un primer momento, el acto cultural juntaba a todos los bebés y las familias, a las que se les entregaba una carta de enhorabuena, una guía para el fomento de la lectura en familia, un primer libro y el carné de la biblioteca. Cada año se contaba con un padrino de lectura —alguien con cierta proyección social en la zona— y así la biblioteca se iba presentando de una forma amigable al conjunto de la población.